De Enemigos a Aliados: Las 5 Claves para Mejorar la Relación Empresa-Empleado.

De enemigos a aliados

Históricamente, la relación entre empresas y empleados ha sido un campo de batalla marcado por una desconfianza mutua profundamente arraigada.

Esta eterna desconfianza no es más que el reflejo de una dinámica laboral obsoleta, donde los empresarios ven a sus empleados como meros instrumentos de producción, y los trabajadores, a su vez, perciben a sus jefes como figuras autoritarias y distantes, a los que no les importan nada más que hacerse ricos a su costa.

El último barómetro de confianza de Edelman nos arroja una clara señal: la brecha de confianza entre empresarios y empleados es amplia y persistente. Apenas 5 de cada 10 encuestados confían en las empresas y sus dirigentes.

En este artículo voy a desgranar las claves de este viejo conflicto, con el propósito de promover la empatía entre ambas partes, y aportar ideas que nos permitan, no sólo dejar de vernos como enemigos irreconciliables, sino como potenciales aliados. Porque, el futuro del trabajo depende de la inteligencia emocional, pensamiento crítico y mentalidad de aprendices que apliquemos ambas partes.

Podemos crear un futuro mejor, o seguir deteriorando la relación hasta que sea insostenible.

¿Qué eliges?

Origen de la Desconfianza: Un Legado de Desigualdad y Abuso.

Aunque a los empresarios les cueste reconocerlo, la relación empresa-empleado ha estado históricamente teñida por un legado de desigualdad y abuso, reflejando una estructura de poder obsoleta y rígida, en la que, como se suele decir «El que paga, manda» y «Al que no le guste, ahí tiene la puerta».

Esta mentalidad empresarial, con una conciencia humanista escasa o nula, se ha mantenido desde la primera revolución industrial hasta nuestros días, modificándose únicamente cuando las circunstancias sociales, legislativas o ambas, han forzado un cambio. Este trato ha dejado una marca indeleble en la psique colectiva de los trabajadores, alimentando un resentimiento profundo que se transmite de generación en generación. El resultado es una percepción generalizada entre millones de empleados de que a los empresarios solo les interesa el dinero.

De enemigos a aliados

A los empresarios no les importan las personas, sólo quieren ganar dinero, es lo que piensan millones de empleados que se sienten minusvalorados y vilipendiados a diario.

En la actualidad, en sectores donde la competencia se basa en la precariedad laboral, persiste la visión de los empleados como engranajes de un sistema cuyo único propósito es maximizar producción y beneficios. Este enfoque deshumanizado solo sirve para perpetuar la desconfianza y el malestar laboral, especialmente en áreas como la hostelería, el transporte, la agricultura o los servicios domésticos, por citar algunos de los más habituales.

De enemigos a aliados

Muchos empresarios aún perciben a sus trabajadores como una carga o un mal necesario, una perspectiva que desprecia el valor humano y el potencial de sus equipos. Este punto de vista tan añejo ignora que la empresa genera riqueza gracias a las personas que en ella trabajan. 

La idea que tienen algunos empresarios y ejecutivos de que los empleados sólo están motivados por el salario es otra falacia que ha perpetuado esta desconfianza. Si bien el salario es un factor importante, reducir toda la relación laboral a una transacción económica es ignorar la complejidad de las motivaciones humanas. Los empleados buscan reconocimiento, oportunidades de crecimiento, significado en su trabajo y, sobre todo, ser tratados con dignidad y respeto.

Así pues, tenemos la necesidad imperiosa de humanizar la relación laboral. Es vital reconocer a cada empleado no solo como un trabajador, sino como una persona integral con aspiraciones, capacidades y una vida más allá del trabajo. Y, al mismo tiempo, debemos comprender que la sociedad necesita emprendedores y empresarios para evolucionar y generar riqueza a todos los niveles.

Estrategias para Fomentar la Confianza Mutua.

Superar la barrera de la desconfianza entre empleados y empresarios no es una tarea sencilla, ya que requiere un cambio radical en la mentalidad y en la cultura en la que hemos sido educados desde hacer siglos, pero si nos lo proponemos, entre todos podemos cambiar esta situación y construir una relación más sana. Las claves para hacerlo son:

1. Respeto y Empatía:

El respeto y la empatía son piedras angulares en este proceso. El respeto debe ir más allá de evitar el trato despectivo hacia la otra parte, se trata de reconocer el valor del otro. La empatía nos permite comprender los sentimientos, preocupaciones y motivaciones ajenas. Esta tarea es ardua, ya que vivimos en un mundo que no fomenta el respeto y la empatía, sino que a menudo premia el individualismo y la competencia desmedida.

2. Comunicación Honesta:

La comunicación honesta y bidireccional es esencial para forjar confianza. La relación no puede ser un monólogo de la empresa hacia el empleado, sino un diálogo constante entre ambas partes. Es preciso comunicar con transparencia, especialmente en temas delicados como los cambios organizativos que afectan no sólo a los intereses individuales de los empleados, sino también a la atmósfera de trabajo colectiva.

3. Reconocimiento Mutuo:

El reconocimiento mutuo no debe ser un acto esporádico, sino un pilar de la cultura de nuestras empresas. Es clave que ambas partes se reconozcan como valiosas, y que lo hagamos de forma sincera. Las empresas no son nada sin las personas, la sociedad y el planeta en el que operan. A su vez, en el modelo actual, las empresas son esenciales para la generación de empleo, riqueza y bienestar social.

4. Cambio de Paradigma:

Romper con décadas, incluso siglos, de una mentalidad empresarial arraigada en la jerarquía y el control autoritario requiere más que ajustes superficiales exige una revolución en cómo concebimos las relaciones laborales. Debe ser una relación de colaboración, donde ambas partes tienen voz y voto en las decisiones que afectan su futuro común. Esto requiere una disposición a escuchar y valorar las opiniones y experiencias de los empleados, así como una voluntad de los empresarios para compartir poder y control.

5. Acabar con las Falacias:

Durante demasiado tiempo, hemos estado atrapados en una narrativa tóxica que pinta a los empresarios como codiciosos y despiadados, y a los empleados como perezosos y desinteresados en el bienestar de la empresa. Estos estereotipos no solo son injustos, sino que también son peligrosamente simplistas y perpetúan un ciclo de desconfianza y resentimiento.

De enemigos a aliados

Es un error pensar que todos los empresarios son unos sinvergüenzas que se quieren enriquecer a expensas de sus empleados, o que todos los empleados son holgazanes que solo buscan sus derechos sin asumir responsabilidades. Estas generalizaciones tóxicas solo sirven para perpetuar el conflicto.

No es tarea fácil, pero es fundamental si deseamos construir una relación que nos permita convertirnos en aliados, en lugar de seguir viéndonos como enemigos eternos.

Conclusiones

En definitiva, la tarea de superar la desconfianza laboral requiere un esfuerzo colectivo y un compromiso real por parte de todos. No es solo un asunto de buenas intenciones o declaraciones bonitas, sino de acciones concretas y un cambio genuino en la forma de interactuar. La transformación es posible, pero depende de nuestra voluntad y determinación para hacer que ocurra.

Es hora de reconocer que no todos los empresarios son unos explotadores sin escrúpulos, ni todos los empleados son víctimas indefensas. Ambas partes tenemos un papel crucial a la hora de construir una sociedad más justa y equitativa.

Los empresarios necesitan comprender que sus empleados son su activo más valioso, y que tratarlos con dignidad y respeto es esencial para el éxito a largo plazo de la empresa.

Del mismo modo, los empleados deben reconocer que los empresarios a menudo enfrentan desafíos y presiones que no son nada fáciles de gestionar.

Muchas veces los empresarios se encuentran solos en su aventura, jugándose su patrimonio, y su futuro en muchos casos. Su éxito también es fundamental para la estabilidad y prosperidad de todos.

Es hora de promover un diálogo abierto y sincero que aborde estos estereotipos y permita a ambas partes expresar sus preocupaciones y desafíos. Es crucial fomentar una cultura de comprensión y aprecio mutuo, donde cada parte vea a la otra no como un adversario, sino como un socio en la búsqueda de objetivos comunes. Como un aliado, y no como su enemigo.

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Jordi Alemany

 

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