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Jordi Alemany | Liderazgo Humanista

Hay un jefe dentro de cada mando intermedio que jamás ha aprendido a liderarse a sí mismo. Ese jefe interno exige resultados y grita órdenes en silencio. Jamás pide perdón. Se llama ego, y casi nadie lo reconoce como el verdadero obstáculo de su carrera.

Hablamos mucho de liderar equipos, de gestionar la incertidumbre, de comunicar con claridad. Hablamos poco de la voz interna que decide cómo reaccionamos cuando alguien nos lleva la contraria en una reunión. Esa voz suele venir cargada de ego, no de criterio.

Harvard Business Review lo confirma con datos. Según una investigación publicada en esa revista, solo el 10-15% de las personas son realmente conscientes de sí mismas. Hasta el 95% cree serlo, sin embargo. La brecha entre lo que creemos ver de nosotros mismos y lo que realmente somos tiene nombre técnico: punto ciego. Y ese punto ciego cuesta ascensos, equipos enteros y, con frecuencia, empresas completas.

Gallup lleva años midiendo algo parecido desde otro ángulo. Hasta el 70% del compromiso de un equipo depende de su mánager directo. Cuando ese mánager antepone su ego a las necesidades del equipo, ese porcentaje deja de jugar a favor. Empieza a jugar en contra, silenciosamente, mes tras mes.

Un mando intermedio que no reconoce su propio ego toma decisiones defendiendo su ego, no defendiendo al negocio. Contrata para no sentirse cuestionado. Retiene información para no perder poder. Compite con su propio equipo en lugar de dirigirlo. Ninguna de esas conductas aparece en un informe de resultados, pero todas ellas lo explican.

En Human Leadership Hub llevo años trabajando con directivos que confunden autoridad con autoestima y firmeza con arrogancia. La mayoría no son mala gente. Son personas que nunca aprendieron a distinguir su ego de su criterio profesional. Ese es exactamente el punto de partida del autoliderazgo, del que ya hablé en detalle en otro artículo.

En este artículo te cuento los pilares del autoliderazgo. Son los que marcan la diferencia entre un mando que gestiona su ego y uno que es gestionado por él. No son trucos de productividad ni frases para enmarcar en la pared. Son prácticas concretas, difíciles de mantener en el tiempo y rentables cuando se aplican con constancia. Vamos a empezar por el origen del problema, antes de entrar en los tres pilares que construyen un autoliderazgo sólido.

pilares del autoliderazgo: domesticar el ego

El ego que confundimos con seguridad en uno mismo

El ego no es lo mismo que la autoestima, aunque muchos directivos los confunden hasta llamarlos por el mismo nombre. La autoestima se construye desde dentro y no necesita testigos. El ego, en cambio, necesita audiencia constante. Necesita ganar, tener razón y quedar por encima del resto.

El ego no te protege del fracaso. Te asegura que lo repitas, convencido de que la culpa fue de otro.

En los egosistemas que tantas empresas construyen sin darse cuenta, el ego del directivo se vuelve el centro de gravedad. Toda la organización gira a su alrededor, aunque nadie lo diga en voz alta. Las reuniones dejan de ser espacios de decisión. Se convierten en escenarios donde nadie contradice al jefe, y ahí empieza el problema de fondo.

Uso la metodología FAUNA para diagnosticar perfiles, y el Jaguar cae en esta trampa más rápido que nadie. Es un perfil de alta energía, orientado a resultados. Confunde velocidad con acierto casi siempre. Cuando su ego toma el mando, ese Jaguar deja de ejecutar con criterio. Empieza, sin darse cuenta, a atropellar a su propio equipo.

No hace falta ser Jaguar para caer en la trampa del ego. El Orangután lo hace defendiendo su posición política en vez de defender el resultado. El Cocodrilo lo hace desde el cinismo silencioso, esperando el momento de tener razón delante de todos.

Por qué domar el ego es el primer pilar del autoliderazgo

El autoliderazgo empieza mucho antes de liderar a otra persona. Empieza el día que decides observar tu comportamiento con la misma exigencia con la que observas el de tu equipo. La mayoría de mandos intermedios exige a su gente lo que jamás se exige a sí mismo.

Ahora bien, domar el ego no significa anularlo. Un ego sano impulsa, defiende criterio y aguanta decisiones difíciles bajo presión. El problema aparece cuando el ego deja de ser una herramienta. Pasa entonces a ser el propietario de tus decisiones.

Por eso los tres pilares que siguen no buscan eliminar tu ego de un plumazo. Buscan devolverte el control sobre cuándo escucharlo y cuándo apartarlo del camino.

Pilar 1: autoconciencia sin autoengaño

El primer pilar consiste en observar tus reacciones antes de justificarlas. Cuando alguien cuestiona una decisión tuya en una reunión, ¿sientes que atacan tu criterio o que atacan tu persona? Esa distinción, aparentemente pequeña, separa a un líder de un ego con cargo directivo.

En las formaciones que imparto suelo preguntar algo directo. A una sala de 40 mandos intermedios les pregunto cuántos piden feedback directo y frecuente a su equipo. Menos de 5 levantan la mano con seguridad. La mayoría confunde la revisión anual de desempeño con conocerse a sí mismo. No son lo mismo, y esa confusión sale cara.

La autoconciencia no se entrena leyendo sobre ella. Se entrena preguntando de forma directa a las personas que trabajan contigo. Pregúntales cómo perciben tus reacciones bajo presión. Y acepta la respuesta sin defenderte en el acto, aunque duela.

Pilar 2: autorregulación cuando la presión aprieta

El segundo pilar se mide en los peores momentos, no en los mejores. Cualquiera lidera bien cuando todo funciona. La autorregulación se demuestra cuando un proyecto se retrasa, un cliente explota o un superior presiona sin explicar por qué.

Domar el ego bajo presión significa responder según lo que necesita la situación. No según lo que necesita tu orgullo. Es la diferencia entre gestionar una crisis y protagonizarla delante de todo tu equipo.

Los directivos que mejor gestionan la presión no son los que nunca se alteran. Son los que reconocen la alteración en el momento en que aparece. Y deciden, de forma consciente, no actuar desde ahí hasta que se les pasa.

Esto exige franqueza radical con uno mismo. Requiere admitir la alteración en el momento, no justificarla después con una excusa razonable. La mayoría prefiere la excusa. Es más cómoda, aunque salga más cara a medio plazo.

Pilar 3: servicio como antídoto del ego

El tercer pilar es el más difícil de aceptar para cualquier directivo formado en la cultura del mando y control. Servir a tu equipo no es debilidad. Es la prueba más exigente de que tu ego ya no dirige tus decisiones.

Un mando intermedio que sirve a su equipo pregunta antes de ordenar. Escucha antes de corregir. Reparte el mérito antes de reclamarlo para sí mismo. Ese gesto, repetido con constancia, distingue al liderazgo humanista del management tradicional que tantas organizaciones siguen replicando sin cuestionarlo.

Y no es casualidad que sea el pilar que más rentabilidad genera a medio plazo. Un equipo que se siente servido, y no usado, rinde más. Y, sobre todo, se marcha menos.

Domar el ego no es un evento, es una práctica diaria

Ninguno de estos tres pilares del autoliderazgo funciona con una charla motivacional. Tampoco funciona con un curso de fin de semana. Funcionan con la repetición de observarte, corregirte y volver a intentarlo la semana siguiente.

La pregunta que le dejo a cualquier mando intermedio que lea esto no es si tiene ego. Todos lo tenemos, sin excepción. La pregunta es quién manda hoy en tu cabeza: tu criterio o tu ego.

Esto no va de tratarte con dureza ni de castigarte por cada desliz. Va de franqueza radical contigo mismo. Valida el cansancio y la presión que arrastras. Y, a la vez, exígete la misma disciplina que le exiges a tu equipo. Esa combinación, y no la autocrítica destructiva, es la que funciona de verdad.

Si quieres trabajar estos tres pilares con acompañamiento, puedo ayudarte. En las sesiones de mentoring ejecutivo bajo metodología GROW trabajamos exactamente esto. Sacamos el ego del asiento del conductor. Y te devolvemos el criterio de decisión. Puedes conocer el programa en mentoringcrea.com.