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Jordi Alemany | Liderazgo Humanista

Una directora de personas de una empresa de distribución me contó, con una mezcla de frustración y resignación, que llevaba tres años pidiendo presupuesto para un programa de desarrollo de mandos intermedios y que, cada año, ese presupuesto era el primero en recortarse cuando venían las vacas flacas. «El de marketing defiende su inversión con un ROI. Yo llego con un PowerPoint de sensaciones», me dijo. No le faltaba razón. Y no le faltaba tampoco una salida: el problema no era que el liderazgo no tuviera retorno medible. Era que nadie se había molestado en medirlo con el mismo rigor que cualquier otra inversión de la empresa.

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Esta escena se repite en comité tras comité. El área comercial defiende su presupuesto con cifras de conversión. El área de tecnología, con cifras de eficiencia operativa. Y el área de personas, con demasiada frecuencia, defiende su presupuesto con testimonios y buenas intenciones, mientras el resto del comité escucha con educación y recorta en cuanto hace falta ajustar el gasto.

Esto no es un problema de RRHH. Es un problema de traducción. El liderazgo tiene un retorno perfectamente medible, solo que casi nadie se ha tomado el trabajo de construir el modelo que lo demuestra en cifras que un CFO reconozca como propias.

En este artículo te explico qué indicadores concretos puedes usar para medir el ROI del liderazgo en tu organización, por qué el enfoque tradicional de «clima laboral» no sirve para defender presupuesto, y cómo presentar estos datos de una forma que nadie pueda descartar como «algo blando».

Por qué el argumento emocional no convence a un comité de dirección

El error más común al defender la inversión en liderazgo es apelar al bienestar como fin en sí mismo, sin traducirlo a impacto económico. Un comité de dirección puede simpatizar con el argumento del bienestar. Pero rara vez lo prioriza por delante de una inversión que promete un retorno cuantificado en euros o dólares.

Nadie recorta un presupuesto que demuestra, con números, cuánto cuesta no gastarlo. Recorta el que solo promete sentirse mejor.

La solución no es abandonar el argumento humano. Es añadirle el argumento financiero que lo sostiene, porque ambos son, en realidad, la misma conversación vista desde ángulos distintos.

Los cinco indicadores que sí convencen a un CFO

El primero es el coste de rotación evitable. Cada salida de un mando intermedio o de un miembro de su equipo directo tiene un coste real de reemplazo, selección, onboarding y curva de aprendizaje. La mayoría de estudios de recursos humanos lo estima entre varios meses y hasta un año de salario del puesto afectado. Cuando puedes atribuir un porcentaje de esa rotación a un liderazgo deficiente identificado con datos, tienes una cifra que cualquier CFO entiende de inmediato.

El segundo es el tiempo de productividad perdido por equipos mal liderados. Un equipo que opera en modo apagafuegos, sin dirección clara, tarda sistemáticamente más en entregar los mismos resultados que un equipo bien dirigido. Ese diferencial de tiempo, multiplicado por el coste de las personas implicadas, es una cifra concreta de ineficiencia.

ROI del liderazgo: indicadores para un CHRO

Los Costes Que Menos Se Ven

El tercero es el coste de las bajas por estrés o ansiedad asociadas a un liderazgo tóxico o ausente. Según datos recogidos por organismos como la OCDE y estudios de salud laboral, los costes asociados a bajas relacionadas con salud mental en el entorno laboral representan una cifra considerable del PIB en las economías desarrolladas. Una parte significativa de esos casos está vinculada directamente al estilo de liderazgo que recibe la persona afectada.

El cuarto es el impacto en la velocidad de ejecución estratégica. Cuando los mandos intermedios entienden y traducen bien la estrategia, la empresa ejecuta más rápido. Cuando no, cada iniciativa se atasca en la capa media del organigrama, y ese retraso tiene un coste de oportunidad medible frente a la competencia.

El quinto es la tasa de promoción interna exitosa frente a la contratación externa fallida. Las organizaciones que desarrollan bien a sus mandos intermedios reducen la necesidad de contrataciones externas costosas y con mayor riesgo de fracaso en el puesto. Las que no invierten en ese desarrollo terminan pagando el precio de un proceso de selección externo que no siempre acierta.

Cómo construir el modelo de ROI paso a paso

El primer paso es establecer una línea base: cuánto está costando hoy, en cifras concretas, la ausencia de un liderazgo bien diagnosticado. Esto exige recopilar datos que casi siempre ya existen en la empresa, dispersos entre RRHH, finanzas y operaciones. Pero que rara vez se juntan en un único análisis.

El segundo paso es identificar, con un diagnóstico conductual real, qué perfiles de liderazgo predominan en la organización y qué riesgo económico concreto representa cada uno si se desborda sin intervención. Aquí es donde un método como FAUNA aporta algo que las encuestas de clima genéricas no pueden dar: una clasificación accionable, no solo descriptiva.

El tercer paso es diseñar la intervención específica para cada perfil de riesgo identificado. Y proyectar el ahorro esperado en cada uno de los cinco indicadores anteriores si esa intervención se ejecuta con éxito. Esta proyección es lo que convierte una inversión en liderazgo en un caso de negocio defendible, con un retorno esperado que se puede seguir y auditar en el tiempo.

Un ejemplo real de cómo cambia la conversación en el comité

En una empresa de servicios financieros con la que trabajé, el equipo de RRHH llevaba dos años proponiendo un programa de desarrollo de mandos intermedios sin conseguir el presupuesto necesario. Cuando se rehizo la propuesta con un modelo de ROI que incluía el coste real de rotación de los últimos dos años, atribuido específicamente a los perfiles de liderazgo con menor experiencia y menor acompañamiento. El comité de dirección aprobó el presupuesto en la misma reunión en la que se presentó, algo que no había ocurrido en los dos intentos anteriores.

El liderazgo humanista no compite con la rentabilidad. Es, medido correctamente, una de sus palancas más directas. El problema nunca fue el argumento. Fue no haberlo traducido a la lengua que el comité entiende.

Por qué esto es responsabilidad directa del CHRO

Un CHRO que no puede presentar el ROI de sus iniciativas de liderazgo en el mismo formato que el resto del comité presenta las suyas, está condenado a competir por presupuesto en desventaja permanente, por mucho que su causa sea, de fondo, la más importante de todas. Esto no es un reproche. Es una constatación de cómo funciona realmente la asignación de recursos en cualquier organización con una cuenta de resultados que vigilar.

La buena noticia es que este modelo de ROI no es difícil de construir una vez tienes los datos correctos de diagnóstico. Lo difícil, hasta ahora, era conseguir esos datos con el nivel de detalle y de perfil necesario para hacer el cálculo con rigor, en lugar de con estimaciones genéricas que cualquier CFO desmontaría en la primera pregunta.

Si eres CHRO o diriges el área de personas de tu organización y quieres presentar el impacto del liderazgo con cifras que resistan la pregunta de cualquier CFO. En Human Leadership Hub el Kit CHRO incluye precisamente ese diagnóstico y el modelo de impacto económico por perfil, listo para llevar al comité de dirección.

El liderazgo siempre ha tenido retorno. Lo único que faltaba era alguien dispuesto a medirlo con el mismo rigor que se le exige a cualquier otra inversión de la empresa.