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Jordi Alemany | Liderazgo Humanista

Una empresa de tecnología con la que trabajé perdió, en un mismo trimestre, a tres directores de área con más de ocho años de antigüedad cada uno. Ninguno de los tres se fue por un conflicto ni por una oferta especialmente agresiva de la competencia. Simplemente, después de años sosteniendo la misma responsabilidad sin ninguna perspectiva clara de evolución, decidieron que ya habían dado suficiente. El comité de dirección se enteró de los tres casos casi al mismo tiempo, y la reacción inmediata fue de sorpresa genuina. Nadie había visto venir nada de esto. Porque nadie había estado mirando.

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Cuando revisamos el plan de sucesión de esa empresa para esos tres puestos, la respuesta fue casi cómica si no hubiera sido tan grave: no existía ningún plan. Existía la asunción implícita de que, si alguna vez alguno de esos directores se iba, ya se buscaría a alguien en el mercado quien lo sustituyera. Esa asunción, multiplicada por tres salidas simultáneas, dejó a la empresa sin liderazgo experimentado en áreas críticas durante meses, con el coste operativo y estratégico que eso implica.

Sucesión de mandos intermedios

Un Problema Que Nadie Ve Venir

Este escenario no es una excepción. Es, de hecho, la norma en la mayoría de las empresas de habla hispana. Existe un plan de sucesión cuidadosamente diseñado para el CEO y quizás para el comité de dirección. Pero la capa de mandos intermedios, que sostiene la ejecución diaria de la estrategia. Se gestiona sin ninguna previsión real, como si sus vacantes fueran a resolverse solas cuando llegue el momento.

En este artículo te explico por qué la sucesión de mandos intermedios es un riesgo de negocio que casi nadie audita. Te cuento qué señales indican que tu empresa está expuesta a este problema. Y cómo diseñar un plan de sucesión real para esta capa, no solo para la cúpula directiva.

Por qué se ignora la sucesión en la capa media

La razón por la que la mayoría de las empresas planifican la sucesión del CEO pero no la de sus mandos intermedios es puramente perceptiva. La salida de un CEO es visible, mediática y con consecuencias inmediatas sobre la imagen de la empresa. En cambio, la salida de un director de área o de un jefe de equipo se percibe, erróneamente, como un problema operativo menor que «ya se resolverá cuando llegue».

Una empresa que solo planifica la sucesión de su cúpula está protegiendo la parte más visible de su organigrama y dejando expuesta la que realmente sostiene el día a día.

Esta ceguera tiene un coste real y medible. Según estudios sobre rotación directiva, el coste de reemplazar a un mando intermedio experimentado. Eso incluye la caída de productividad de su equipo durante la transición, y supera con frecuencia el de una contratación de nivel junior varias veces. Precisamente porque se pierde no solo a la persona sino todo el conocimiento tácito que había acumulado sobre su equipo, sus procesos y su forma de traducir la estrategia en resultados.

Las señales de que tu empresa está expuesta a este riesgo

La primera señal es la ausencia de cualquier documento o conversación formal sobre «quién podría asumir este puesto si esta persona se fuera mañana». Para cada mando intermedio crítico de la organización. Si esa pregunta nunca se ha hecho en voz alta, la respuesta implícita es que nadie lo sabe.

La segunda es la concentración de conocimiento crítico en una sola persona, sin ningún proceso de documentación o transferencia hacia otros miembros del equipo. Cuando un mando intermedio es el único que entiende cómo funciona realmente un proceso clave, su salida se convierte automáticamente en una crisis operativa, no solo en una vacante que cubrir.

La tercera es la falta de un pipeline visible de talento interno preparado para asumir mayor responsabilidad. Muchas empresas tienen, sin saberlo, varios Jaguares de alto potencial en la metodología FAUNA, personas con mucha motivación pero todavía poca experiencia. Podrían prepararse activamente para asumir un rol de mando intermedio en los próximos dos o tres años, si alguien invirtiera en desarrollarlos con esa intención explícita.

Cómo construir un plan de sucesión real para mandos intermedios

El primer paso es identificar. Para cada puesto de mando intermedio considerado crítico para la ejecución de la estrategia. Hace falta al menos un candidato interno en desarrollo activo, no como una promesa vaga sino como un plan concreto con hitos de formación y de experiencia acumulada.

El segundo paso es diagnosticar el perfil de liderazgo real de esos candidatos con un método como FAUNA. Para saber exactamente qué necesita desarrollar cada uno antes de asumir la responsabilidad completa. Un Jaguar de alto potencial necesita experiencia de gestión guiada antes de asumir un equipo grande sin supervisión. Un Camaleón con motivación baja necesita, antes que nada, entender por qué se ha desconectado, no simplemente más formación técnica.

El tercer paso es institucionalizar la documentación del conocimiento tácito de cada mando intermedio crítico. De esa forma, cuando ocurra su salida, no se lleva consigo información que nadie más en la empresa tiene.

Un ejemplo real de cómo cambia la conversación con un plan real

En una empresa de distribución con operaciones en España y México, tras identificar mediante el diagnóstico FAUNA a un grupo de Jaguares de alto potencial en puestos junior. Se diseñó un plan de desarrollo específico de dieciocho meses para prepararlos como sucesores de tres puestos de mando intermedio considerados críticos. Cuando dos de esos tres mandos anunciaron su salida en el año siguiente, la empresa ya tenía candidatos internos preparados. Tenían una curva de aprendizaje mucho más corta que la de una contratación externa, y sin la interrupción operativa que había sufrido en situaciones similares en el pasado.

Un plan de sucesión no es un documento burocrático que se archiva y se olvida. Es el seguro más barato que una empresa puede pagar contra el riesgo de perder, de golpe, el conocimiento que sostiene su operación diaria.

Por qué esto es responsabilidad directa del CHRO

Diseñar y mantener vivo un plan de sucesión real para la capa de mandos intermedios. No es una tarea que pueda delegarse por completo a cada director de área de forma aislada. Requiere una visión centralizada, que solo el CHRO o el responsable de RRHH puede tener. Esa visión abarca el mix completo de perfiles de la organización y dónde se concentra el mayor riesgo de pérdida de conocimiento crítico si nadie interviene con tiempo.

Esta visión centralizada es, precisamente, lo que un diagnóstico conductual como FAUNA aplicado a todo el colectivo de mandos intermedios puede ofrecer. Muestra no solo quién está en riesgo de desconectarse, sino quién está preparado, con el desarrollo adecuado, para asumir mayor responsabilidad cuando llegue el momento.

Si eres responsable de RRHH y quieres dejar de improvisar la sucesión de tus mandos intermedios. En Human Leadership Hub el Kit CHRO incluye el mapa completo de perfiles de tu organización. Es la base necesaria para construir un plan de sucesión real en lugar de cruzar los dedos cada vez que alguien presenta su renuncia.

Ninguna empresa planifica perder a sus mejores mandos intermedios. Pero solo las que tienen un plan real de sucesión evitan que esa pérdida se convierta, además, en una crisis operativa que se podría haber anticipado con meses de antelación.