Ir al contenido principal

Jordi Alemany | Liderazgo Humanista

Hay una pregunta que me hacen mucho en formaciones de mandos intermedios sobre liderazgo transformacional y situacional: «¿Cuál de los dos debo aplicar?» La pregunta parte de un error de base. No son alternativas entre las que elegir: son dos capas distintas de la misma habilidad, y necesitas las dos para liderar bien. Confundir esto es de los errores más caros que veo en formación de directivos.

Guía gratuita

La Guía del Líder Humanista

Autoliderazgo, equipos de alto rendimiento y el equilibrio entre bienestar y resultados. Descárgala gratis.

Quiero la guía gratis →

Qué es el liderazgo transformacional y qué es el situacional

El liderazgo transformacional, como expliqué en el artículo sobre qué es el liderazgo transformacional, es el «para qué»: el propósito compartido que hace que un equipo dé más de lo que el contrato exige. Es una filosofía de fondo, una forma de entender la relación entre líder y equipo.

El liderazgo situacional, un modelo desarrollado por Paul Hersey y Ken Blanchard en los años setenta, es el «cómo»: la capacidad de adaptar tu estilo de dirección según el nivel de competencia y de compromiso de cada persona en cada tarea concreta. Con alguien nuevo en una tarea, diriges más. Con alguien competente y motivado, delegas y te apartas.

Liderazgo transformacional y situacional combinados

Uno te da la brújula. El otro te da el mapa del terreno concreto que pisas hoy.

Dónde se estrella la mayoría de directivos

El error más común que veo en veinte años de experiencia directiva y diez de consultoría es aplicar un único estilo situacional a todo el equipo, disfrazado de «mi forma de liderar». Casi siempre es ego sin diagnosticar, y es justo lo contrario de lo que el modelo situacional propone. El segundo error, casi tan frecuente, es tener un discurso transformacional de propósito compartido mientras se dirige en el día a día con el estilo más directivo posible a todo el mundo.

Un ejemplo real: en una formación con directivos de una empresa de seguros, uno reconoció que llevaba tres años dando la misma charla de «visión compartida» a un equipo de doce personas, aplicando el mismo nivel de supervisión a quien llevaba diez años en el puesto que a quien llevaba tres meses. El discurso era transformacional. La práctica diaria, cero situacional. La persona senior se sentía infantilizada y la junior, perdida.

Liderazgo transformacional y situacional: cómo se combinan bien

El propósito compartido es el techo hacia el que caminas con el equipo. El ajuste situacional es el terreno que pisas cada día para llegar ahí sin que nadie se caiga por el camino. Un mando que solo tiene el primero suena inspirador en la reunión trimestral y desaparece en la gestión diaria. Un mando que solo tiene el segundo es un gestor de tareas eficiente que nunca construye nada que trascienda el corto plazo.

Según un análisis de Deloitte sobre habilidades directivas, la capacidad de adaptar el estilo de dirección según el contexto aparece sistemáticamente entre las tres competencias con mayor brecha entre lo que se exige a un mando intermedio y la formación real que recibe.

La pregunta que sí funciona para diagnosticar cuál toca

Antes de decidir cómo actuar con alguien en una tarea concreta, hazte dos preguntas, no una: ¿tiene la competencia técnica para hacerlo bien sola? Y ¿tiene el compromiso y la confianza para intentarlo sin que yo esté encima? Solo con las dos respuestas sabes si toca dirigir de cerca, entrenar, apoyar desde la distancia o delegar del todo.

Lo que nunca cambia es el propósito hacia el que caminas con ese equipo. Eso es lo transformacional, y es lo que le da sentido a todo el ajuste situacional que haces cada semana. Sin ese propósito, el ajuste situacional es solo micromanagement bien disfrazado.

Si quieres una herramienta para diagnosticar qué necesita realmente cada persona de tu equipo, en Human Leadership Hub tenemos un diagnóstico basado en la metodología FAUNA pensado exactamente para esto.